El que muere paga todas sus deudas

Toma título lapidario, de la pluma del más funesto William Shakespeare nada menos. Que no se disparen todavía las alarmas, no va a tratar el post sobre la muerte de nadie, faltaría más. Pero sí sobre un factor que puede acelerar el fracaso de un proyecto tecnológico. Un fenómeno que toda acometida técnica de cierto calado va a enfrentar tarde o temprano. La crisis económica de los geeks de a pelo, su fin de ciclo particular. En fin, hablamos de la deuda técnica. Para los no puestos en el tema, la palabra “deuda” ha de ser indicativa de que no es éste un asunto baladí. Vaya si no lo es…

¿Deuda? Esto parece el telediario…

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El diablo está en los detalles, Python edition (y II)

En mi anterior post (y con “anterior” quiero decir “de hace más de un mes”, la frecuencia de mis entradas va a quedarse lejos de ser legendaria…) estuve comentando algunas características de Python que me parecían especialmente útiles. Herramientas como las comprensiones de listas y los generadores multiplican la productividad y hacen que el lenguaje sea compacto y legible. Un 2×1, como en los anuncios de detergente. Pero se me fue un poco de largo, y dejé fuera del mismo varias características igual de interesantes que quería explicar también. Si os parece bien, hoy echaremos un ojo a alguna más. Al final sólo a una más: ¡los decoradores!

¿Me vas a amueblar la casa?

El diablo está en los detalles, Python edition

No es un secreto que Ducksboard está implementado en Python. Hemos dado alguna que otra charla sobre el producto, y en ellas hablamos de la elección de tecnologías y otras hierbas. El decantarnos por Python no nos llevó demasiado trabajo a Jan y a mí. Es un lenguaje que conocíamos bien (Flumotion está escrito en Python, y de ahí veníamos), y nos parecía razonablemente decente (no es Lisp, pero tampoco es PHP) y adaptado a las necesidades del proyecto. En alguna de esas charlas nos han preguntado que por qué no usamos Javascript y Node.js, o Ruby, o Erlang, o Go, o cualquier otro lenguaje / plataforma.

Bien, esa pregunta tiene su jugo. Justificar el uso de una tecnología frente a otras puede derivar rapidamente en un flamewar de libro, lo que suele aportar poco y poner a la gente de mal humor. Como la política, ¡o el fútbol! Mal rollo. Y aquí no quiero malos rollos, soy un tío positivo. Así pues, he optado por no responder atacando las flaquezas de otros lenguajes, sino subrayando algunas de las pequeñas cosas que me hacen feliz en Python. Vamos, que paso de explicar la ponzoña de lenguaje que es Javascript, y en cambio prefiero centrarme en esos detallitos que hacen que Python mole bastante más. Sin acritud.

A ver qué tiene ese Python que no tenga Javascript…

Hacking sushi

La mayoría de días se esfuman sin marcarnos especialmente. Seguimos nuestras rutinas: trabajo, familia, tareas, hobbies. Nada nuevo bajo el sol. Pero de vez en cuando y sin previo aviso, una fuente de inspiración se nos presenta de las más insospechadas maneras. Nos llegan vía Internet, películas o prensa escrita. Referencias a historias que nos abren los ojos y nos empujan a mejorar. Un personaje, una anécdota, un dato. Quién iba a decirme que un documental sobre un chef de sushi iba a marcarme de la manera en que lo ha hecho Jiro Dreams of Sushi. Quién iba a decirme que un cocinero iba a convertirse en todo un ejemplo para mí.

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Somos lo que hacemos

Ni lo que decimos, ni lo que pensamos, ni lo que comemos. Si me preguntan a mí, somos lo que hacemos. La acción es definitoria, todo lo demás papel mojado. El movimiento se demuestra andando, que decía aquel. No me sirven los “dilatada experiencia en”, show me the money mejor. Si sabes hacer algo, hazlo. Pensar en hacerlo no aporta ni demuestra nada. Hablar de hacerlo, y que te escuchen, puede que te alimente el ego un tiempo, pero el vacío de realidad no van a llenarlo aplausos falsos a un mensaje falto de experiencia.

En esta España nuestra lo de hablar con hechos por delante se lleva poco, el cantamañanismo está a la orden del día. Pero en otros lugares la gente es menos inocente, y las grandes palabras y promesas se tienen que respaldar con tangibles. Los americanos, por ejemplo, los muy jodíos. Los patos primigenios, esto es Diego, Jan y un servidor (con la inestimable ayuda de la señora Pato Marta), nos pasamos un par de semanas hace unos meses en San Francisco hablando de lo nuestro con quien quisiese escuchar. Y escuchar escuchaban, con atención. Pero lo del “mira que bonito lo mío” no iba a ser suficiente…

Los patos en su oficina de California: el Happy Donuts

A ver qué se cuenta este…

Ocean’s Eleven, sobre equipos y startups

Con la Eurocopa de fútbol recién terminada, los equipos están en boca de todos. Que si tal tiene a los mejores delanteros, pero el otro defiende mejor, y el de más allá está más equilibrado. Y es que, en los deportes de equipo, la gestión del mismo lo es todo. Traer a la gente apropiada, integrarla en el grupo, dar con la estrategia que mejor se adapta a los jugadores de que se dispone, en fin, todo el pack. En una startup la cosa no varía demasiado, y es que… ¡el equipo lo es todo!

¡Vamos equipo!

Si no es por no hacerlo, pero hacerlo “pa na”… es tontería

No es la primera vez que habla el amigo Enrique Dans y sube el pan. Cosas de ser un gurú de los Internecs, supongo. En su columna de Expansión de hace unos días se lamentaba de la falta de buenos programadores en España. Y cito:

En España, que un emprendedor encuentre al programador adecuado para convertir sus ideas en código ejecutable es una proeza.

En España, las personas de verdad capaces de convertirse en el alma de un proyecto y transformar su esencia e ideas en código […] prácticamente no existen. Pero no, no es porque se les pague poco: es que no se encuentran ni debajo de las piedras.

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