Ducksboard, a la Sorkin

Se lleva hablando largo tiempo de un nuevo biopic sobre Steve Jobs. No el despropósito del Kutcher, algo de mucha más enjundia, en principio. Y digo en principio porque sabiendo quién está detrás del guión, sólo puedo ser optimista. Aaron Sorkin puede no sonaros así en frío, pero si os digo que ha guionizado Algunos Hombres Buenos, El Ala Oeste de la Casa Blanca, o (más cercana a éste nuestro mundillo) La Red Social, entenderéis que no es precisamente un aficionado.

De lo poco que se sabe de la cinta en cuestión, lo más llamativo es la aproximación que Sorkin va a tomar para explicar el personaje. Lejos de la clásica fórmula de entremezclar cuantas más situaciones mejor a lo largo de la vida de Jobs para dar una visión lo más panorámica posible, Sorkin quiere centrarse en tres únicos momentos. Tres acontecimientos muy concretos, que cree pueden ilustrar con la profundidad necesaria la complejidad del sujeto: los momentos previos a tres presentaciones de producto de las que lanzaron a Jobs al estrellato. Las famosas keynotes que le han elevado al grado de icono moderno. Con sólo acompañar a Steve durante esos episodios puntuales pero definitorios, Sorkin cree poder captar y transmitir su esencia. Me parece genial.

Con la reciente adquisición de Ducksboard por parte de New Relic (¡vamos!), se me ha ocurrido homenajear a Sorkin haciendo uso de su fórmula. En Ducksboard hemos pasado por todo tipo de situaciones durante cerca de cuatro años, buenas y malas, pero voy a tratar de resumir este viaje en tan sólo tres episodios. Tres momentos vívidos en mi memoria que representan lo que el Pato ha sido para mí. Espero que lo disfrutéis, porque aquí va un cacho importante de mi vida.

A ver qué tienes, guionista

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No hay cuchara

Al parecer no fui demasiado problemático de chaval. Más bien tranquilote, educado, a mis cosas. Aún así recuerdo a mi madre reprocharme en no pocas ocasiones el actuar sin pensar. El meterme en berenjenales que seguramente me hubiese ahorrado de saber cómo iban a acabar. «A ver, hijo, si tonto no eres, ¿cómo te cuesta tanto darle un par de vueltas a las cosas?», le preguntaba a un incapaz mini-yo. Y tantos años después ya creo entender por qué, Mamá: no por falta de inteligencia (que un poco también), sino de experiencia.

No sé si alguno de vosotros habrá nacido aprendido, pero un servidor lo ha ido haciendo sobre la marcha, a medida que la necesidad exigía. Subiendo escalones. Y ahora que llevo unos pocos subidos comprendo por fin cómo la experiencia nos limita la percepción. O la falta de experiencia, más bien. Retomando la metáfora de la escalera: no se ven los escalones que vienen, sólo los ya superados. Cuanto más subes mejor comprendes tus errores anteriores y mejor intuyes las dificultades futuras. En cualquier caso aprendes a no dar las cosas por sentadas, tanto escarmiento acaba por desarrollarte la humildad. Como resultado se dan contradicciones curiosas: haber subido tan sólo un par de peldaños y creerse omnisciente sin haber visto nada, o llegar tan alto en la ascensión como para sentirse del montón sabiendo mucho más que la mayoría.

Sigue, sigue

De cháchara: arquitectura de Ducksboard

Buf, que gordo estaba hace año y medio. Aunque también es verdad que tenía menos canas y se me notaba menos la calvicie incipiente. En fin, cosas de la edad y la tensión de mantener un negocio a flote, supongo… Este no es un post en sí mismo, sólo una nostálgica mirada atrás. Allá por julio de 2012, el siempre acogedor Alberto Sanz, CEO de Neventum y poseedor de una oficina / teatro / domicilio en plena Barcelona que ríase usted de las hipster-offices san-francisquinas, me invitó a hablar de Ducksboard (el Proyecto Tecnológico™) ante un atento público techie de lo más florido de la Ciudad Condal. Estos tipos saben organizar un evento, vaya que sí, y además de cervezas y una pared de 4×4 dónde proyectar, Alberto consiguió filmar la charla con sonido profesional y todo, para disfrute de los que no pudieron dejarse caer por allí.

Vídeo y slides dentro

De safari con Chrome: cazando leaks en Javascript

Ay, Javascript, Javascript. Que tiempos aquellos en que todo el uso que te daba era “fadeardivs, hacer un poco de AJAX o añadir algún que otro copo de nieve en fechas señaladas. La robustez de nuestra relación radicaba en las bajas expectativas mutuas. Yo no te veía como un lenguaje de programación, más bien como un juguete prescindible, y tú no me dabas ningún feedback útil, para qué molestarte si no iba a exprimirte el jugo. Pero los tiempos han cambiado, las modas se imponen y suceden, y lo de no tomarte en serio ya no va a ser posible. Y es que se acabó lo de ser la comparsa en una página web, esta es la era de la aplicación web, y las aplicaciones web, cada vez más grandes y complejas, son cosa tuya por derecho. Pero que duro está siendo, que duro…

Vamos a amastrear a ese Javascript…

El que muere paga todas sus deudas

Toma título lapidario, de la pluma del más funesto William Shakespeare nada menos. Que no se disparen todavía las alarmas, no va a tratar el post sobre la muerte de nadie, faltaría más. Pero sí sobre un factor que puede acelerar el fracaso de un proyecto tecnológico. Un fenómeno que toda acometida técnica de cierto calado va a enfrentar tarde o temprano. La crisis económica de los geeks de a pelo, su fin de ciclo particular. En fin, hablamos de la deuda técnica. Para los no puestos en el tema, la palabra “deuda” ha de ser indicativa de que no es éste un asunto baladí. Vaya si no lo es…

¿Deuda? Esto parece el telediario…

El diablo está en los detalles, Python edition

No es un secreto que Ducksboard está implementado en Python. Hemos dado alguna que otra charla sobre el producto, y en ellas hablamos de la elección de tecnologías y otras hierbas. El decantarnos por Python no nos llevó demasiado trabajo a Jan y a mí. Es un lenguaje que conocíamos bien (Flumotion está escrito en Python, y de ahí veníamos), y nos parecía razonablemente decente (no es Lisp, pero tampoco es PHP) y adaptado a las necesidades del proyecto. En alguna de esas charlas nos han preguntado que por qué no usamos Javascript y Node.js, o Ruby, o Erlang, o Go, o cualquier otro lenguaje / plataforma.

Bien, esa pregunta tiene su jugo. Justificar el uso de una tecnología frente a otras puede derivar rapidamente en un flamewar de libro, lo que suele aportar poco y poner a la gente de mal humor. Como la política, ¡o el fútbol! Mal rollo. Y aquí no quiero malos rollos, soy un tío positivo. Así pues, he optado por no responder atacando las flaquezas de otros lenguajes, sino subrayando algunas de las pequeñas cosas que me hacen feliz en Python. Vamos, que paso de explicar la ponzoña de lenguaje que es Javascript, y en cambio prefiero centrarme en esos detallitos que hacen que Python mole bastante más. Sin acritud.

A ver qué tiene ese Python que no tenga Javascript…

Somos lo que hacemos

Ni lo que decimos, ni lo que pensamos, ni lo que comemos. Si me preguntan a mí, somos lo que hacemos. La acción es definitoria, todo lo demás papel mojado. El movimiento se demuestra andando, que decía aquel. No me sirven los “dilatada experiencia en”, show me the money mejor. Si sabes hacer algo, hazlo. Pensar en hacerlo no aporta ni demuestra nada. Hablar de hacerlo, y que te escuchen, puede que te alimente el ego un tiempo, pero el vacío de realidad no van a llenarlo aplausos falsos a un mensaje falto de experiencia.

En esta España nuestra lo de hablar con hechos por delante se lleva poco, el cantamañanismo está a la orden del día. Pero en otros lugares la gente es menos inocente, y las grandes palabras y promesas se tienen que respaldar con tangibles. Los americanos, por ejemplo, los muy jodíos. Los patos primigenios, esto es Diego, Jan y un servidor (con la inestimable ayuda de la señora Pato Marta), nos pasamos un par de semanas hace unos meses en San Francisco hablando de lo nuestro con quien quisiese escuchar. Y escuchar escuchaban, con atención. Pero lo del “mira que bonito lo mío” no iba a ser suficiente…

Los patos en su oficina de California: el Happy Donuts

A ver qué se cuenta este…