De calaveras, pingüinos y Pareto

Que faena lo de morirse. Y más para descubrir que, una vez en la Tierra de los Muertos, todavía te queda un buen trecho para alcanzar el Descanso Eterno. A pie son 4 años de nada… Por suerte, si has sido un tipo majo en vida, puedes optar por métodos de transporte bastante más cómodos, y sobre todo más rápidos, como coches o un tren bien lujoso. Manny Calavera es un triste agente de viajes que trabaja para el organismo que oferta dichos “packs” a los infelices que acaban de morir. Y Neus, mi pareja, quiere ser Manny. Así empieza todo.

Manny Calavera y el resto de esta pintoresca historia son parte del universo de Grim Fandango, laureada aventura gráfica de LucasArts de finales de los 90, obra del ínclito Tim Schafer. El actual estudio de este último, Double Fine, consiguió de Disney (actual dueño de la propiedad intelectual de LucasArts) los derechos para un remake de Grim Fandango allá por 2013. Hace poco, a finales de enero de 2015, Grim Fandango Remastered llega a las consolas de Sony y a PC (Windows, OS X y Linux). Neus, como buena aficionada a las aventuras gráficas clásicas, quiere jugarlo. Al tener un servidor su copia pre-comprada desde hace meses en GoG, sin DRM ni zarandajas, en principio nada más fácil que descargar la versión para Windows (el “portátil” de Neus corre Win 7), instalar y a jugar. En principio.

Grim Fandango Remastered

Llevo ya bastantes años alejado del mundo Windows. En mi primer año de universidad di el salto a Linux como sistema operativo exclusivo, y tras el primer año de Ducksboard mi metamorfosis en hipsterpreneur y la frustración causada por la horrenda transición de Gnome 2 a 3 me empujaron a Mac OS X. Tengo ocasión de interactuar con el software de la gente de Redmond cuando mi padre tiene algún problema con el PC de casa. Y cada vez, sin excepción, acabo de los nervios. Por muchas razones, pero sobre todo por la lentitud. Soy muy sensible a la lentitud de respuesta en el software, rarezas de uno. Que todo necesite un reinicio, tiene un pase. El despropósito mayúsculo de los drivers, lo acepto con sumisión. Lo absurdo de la doble interfaz de Windows 8 y posteriores, no me ha salpicado directamente todavía. Pero que copiar un fichero de 1GB se convierta en un proceso aparentemente infinito, por ahí no paso.

En el caso del PC de Neus el panorama es todavía más desolador. Un portátil vetusto, todo hay que decirlo. Un ladrillaco de LG con sus 6 o 7 añitos de vida a las espaldas. Windows 7 instalado hace unos meses cuando el trasto fue repescado de la reserva (Neus usaba mi precioso Thinkpad T410s hasta que la placa base dijo basta). Por lo demás, el uso que le da es casi exclusivamente de navegación web, algo de ofimática y mucha reproducción de vídeo. Nada de software sospechoso instalado ahí, todo bastante limpito.

Me pongo a los mandos del LG de marras con un plan de ruta ciertamente asequible: descargar el instalador del juego, e instalar el juego. Sin más. No llego al segundo paso, pero me siento envejecer 5 años en las horas (sí, horas) que le dedico al primero. Lanzar Chrome lleva unos 3 o 4 minutos. Desde que pulso sobre el lanzador hasta que pinta la ventana en pantalla, claro, porque se toma otros 2 o 3 minutos para dejarme interactuar con la barra de direcciones. Cargar GoG, que será cosa de 1 o 2 segundos en condiciones normales, lleva medio minuto. No desfallezco, me identifico, sigo links, alcanzo la sección de descarga. Tengo la vena de la frente algo hinchada, pero oye, en 10 minutos de nada estoy iniciando la descarga, más se perdió en Cuba. Pero la descarga, cómo no, es ridiculamente lenta. ¿Será cosa de GoG? Algo me dice que no… Pruebo con mi MacBook Air el mismo link y la cosa es 5 veces más rápida. Pues nada, lo cancelo en Windows, lo descargo en OSX, y luego lo copio, no pasa nada… Pero sí pasa. La idea es mover el fichero por red, sólo tengo un stick USB lo bastante grande en casa y está “ocupado”. Trato de usar directorios compartidos de Windows, pero al quinto fallo de permisos tratando de acceder desde el MacBook me rindo. Por HTTP… peta al poco rato y no tengo nada instalado en Windows que permita continuar descargas. Podría probar otras cosas, SCP, qué sé yo, pero implica instalar software en Windows, y eso va a ser mala idea. Al final, lo siento por el contenido del stick USB, pero toca formatear. En ExFAT, claro, el fichero es grande y OSX no escribe en NTFS (sin hacer truquillos algo oscuros). Y ya que formateo, que sean dos veces, que el primer intento, hecho desde OSX, no es reconocido por Windows… Llevo con la broma 2, 3 horas, no lo sé. Ya tengo el fichero disponible en Windows, pero resulta que no tengo espacio suficiente en disco para instalar… ¡Me rindo! ¡No puedo más!

¡Un juego de Tim bien lo vale!

Estoy tan cabreado que me voy al extremo: “¿Neus, sabes contar? Pues no cuentes con Windows”. Este setup de Windows es inusable, desesperante, malsano. Puede que funcione bien en hardware más potente, no sé, pero en un ordenador tan viejo es un dolor. Para el uso que Neus le da al trasto, Linux cumple sin problemas. Además ya lo ha usado antes, no le tiene miedo. Me bajo la Ubuntu actual, me hago mi USB booteable, y espero que en mi ausencia la cosa haya avanzado tanto como para que 2015 sea, finalmente, el año de Linux en el escritorio.

El proceso de instalación, y esto lleva años siendo cierto, es una delicia. No creo que llegue a 20 minutos. Detección de hardware impecable, setup de wifi sencillo, un par de preguntas sobre zona horaria, datos de usuario, y si quiero usar todo el disco para Ubuntu o compartirlo con Windows (¡no!) y pam, un sistema operativo listo para usar, y con todo el software básico disponible de serie. Como esperaba, el rendimiento es absurdamente superior al de Windows sobre el mismo hardware. Las distribuciones Linux siguen manteniendo esa sensibilidad con el hardware de gama media/baja que tanto agradezco ahora mismo. Bien, esto marcha.

Pero no todo podía ser tan fácil, no con Linux. La experiencia de instalación es casi inmejorable, el rendimiento incluso sorprendente (para bien), pero, y esto también lleva años siendo cierto, los pequeños flecos para dejar la máquina lista al 100% son todo un gatillazo. Lo son porque alguien curtido en mil batallas como un servidor puede dar los martillazos que faltan en un par de horas (o alguna más), pero quien no lleve muchas horas de vuelo en estas lides se va a tener que conformar con clavos sobresaliendo por todas partes, y alguno puede estar hasta oxidado.

Una lista (no exhaustiva) de los pequeños desaguisados que he tenido que solventar. Si no eres técnico te lo puedes saltar, quédate con que cantidad de detalles (y no tan detalles) son casi imposibles de solventar para un usuario “normal”:

  • Resumir la máquina después del reposo resulta en un cuelgue del sistema. Resulta que es una incompatibilidad de Linux con un setting de la BIOS por el modo de acceso al disco duro (AHCI en vez de IDE). Solventado vía BIOS (¿vuestros familiares suelen toquetear la BIOS? Los míos tampoco).
  • Ubuntu trae Gnome 3.12. Yo quiero instalar 3.14 por ser la última versión estable. Para mí instalar un nuevo repositorio de paquetes y hacer una actualización tan grande es sencillo, Neus no hubiese sabido por donde empezar.
  • Chrome ha de descargase de la web de Google, no está incluido en el repositorio de Ubuntu. En teoría 2 clicks deberían bastar para instalarlo vía Ubuntu Software Center, pero el proceso falla. He de hacerlo por terminal, de nuevo un escollo quizás insalvable para el no experto.
  • Cuando se me ofrece la opción instalo el driver privativo de NVIDIA para tener el mejor rendimiento posible (Neus quiere jugar a Grim Fandango, no lo olvidemos). Eso genera una serie de problemas de lo más raros tras resumir el sistema (fondos que desaparecen y otras locuras). Resulta que es una incompatibilidad con Gnome 3.14 que no tiene solución todavía. Lo descubro navegando por varios bug trackers (algo que, de nuevo, no veo a Neus haciendo) y lo “resuelvo” pasando del driver de NVIDIA y tirando de Nouveau. Por suerte tiene rendimiento suficiente para mover Grim Fandango.
  • Y, esto es casi irónico, pero Grim Fandango, tal como viene empaquetado, no corre en Linux sin más. El juego espera ciertas librerías instaladas en el sistema, pero no hay la menor documentación. Las voy instalando a medida que interpreto errores en la terminal. Además, para una en concreto, he de borrar un enlace simbólico dentro del directorio del juego. Esto es imposible que Neus lo arregle sola. Para más inri, no trae ningún tipo de lanzador gráfico, he de crear a mano un fichero .desktop para que Neus pueda lanzar el juego desde Gnome.
  • Evidentemente, hay otros detalles que son menos graves. De vez en cuando la wifi se va para no volver, o algunas teclas de función dejan de funcionar. Como sólo pasa a ratos, de momento lo apañamos con reinicios, pero ahí están.

En resumen, una vez afinado el asunto, Neus está encantada. Su ordenador vuela (al menos comparado con la experiencia en Windows), reproduce vídeo con menos tearing que antes, tiene Grim Fandango, y las versiones actuales de Gnome 3 empiezan a ser bastante chulas (el tema de extensiones me sigue pareciendo muy roto, pero en fin). Pero el sabor que me queda es agridulce. Si Neus no tuviese en casa a un frikazo del quince que se gana la vida con extrañas invocaciones en terminales de texto posiblemente hubiese vuelto a Windows. Una vez todo montado, la opción Linux es netamente superior a la opción Windows, pero llegar a ese punto es muchas veces un escollo insuperable para un usuario no experto.

Gnome 3 Neus
Mal no ha quedado el Gnome de marras, la verdad.

El principio de Pareto puede ser cruel, y esa es la cruz del escritorio Linux. El 80% está más que listo, posiblemente por encima de sus competidores en muchos aspectos. Pero el 20% restante es tan áspero que puede fácilmente destruir todo lo conseguido con ese buen 80%. La barrera de entrada es demasiado alta, por atractiva que sea la recompensa. Me recuerda mucho a uno de los problemas endémicos que sufrimos en Ducksboard (y que tantos otros productos SaaS afrontan mal): el onboarding. Da igual lo potente o amigable que sea el producto una vez se domine, si el usuario ha de poner más esfuerzo de la cuenta en saborear esas mieles, se conformará con unas lentejas en algún otro lado. No basta con ser accesible, además hay que parecerlo.

Tened eso en cuenta cuando trabajéis en productos y servicios que han de usar otros. Y medid, amigos, medid para detectar esos cuellos de botella de la experiencia de usuario. Yo, por lo pronto, me vuelto con Manny, el Descanso Eterno aún queda lejos ;)

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