Cuando éramos cracks

No sé cuántas veces habré oído/leído eso de que los técnicos no sabemos vendernos (al menos los de por estas latitudes – ya conocéis el rollo ese de que los americanos son grandes comerciales de sí mismos y fuck yeah amazingly awesome). Pero el hecho es que basta con sumergirse ligeramente en la comunidad techie vía Twitter, conferencias o blogs, y resulta que no, que somos (con perdón) los putos amos. Toda esa incapacidad para ponernos un lazo de cara al extraño se torna en confianza ilimitada de puertas adentro. Seguro que habéis leído mucho sobre “cracks” y “talento” en los últimos años: pues eso.

Ahora bien, ¿y todo ese orgullo? ¿Tan interesante, importante es lo que hacemos? Pues en un principio sí. La informática ha revolucionado nuestro concepto de sociedad. Las comunicaciones, el comercio, el trabajo, todo depende ahora de un modo u otro del software, y siendo nosotros los responsables de crearlo y mantenerlo, que menos que sacar pecho, ¿no? Pues francamente creo que no. Hoy vengo a defender que el desarrollo de software está hecho unos zorros, y que sobra autocomplacencia.

Bring it on!