Evasión o victoria, o de como Backbone.js salvó el frontend de Ducksboard

La web está cambiando, vaya si lo está haciendo. Todavía recuerdo con claridad mis primeros encuentros con HTML, aquellas “páginas personales” de diseño ridículo y peor contenido que nos sacábamos de la manga, orgullosos, Diego y yo. El súmmum de la técnica era incrustar un GIF animado para darle movimiento al asunto, y enviar datos vía formulario era el no va más de la interactividad. Tiempos entrañables aquellos.

Hoy en día la página más chorra usa todo tipo de artimañas técnicas para ser dinámica, interactiva y rápida, no vayamos a tener que esperar. La idea es, como vamos viendo cada vez más claro, difuminar (si no borrar) el límite entre página web y aplicación nativa. Eso de clickar links y esperar a que cargue una nueva página ha quedado desfasado, esto ha de parecer una aplicación, no un conjunto de documentos enlazados. Ahí tenemos a AJAX, Comet, WebSocket y otro buen puñado de tecnologías y técnicas que tratan de abstraernos del concepto de página web y llevarnos en volandas a la era de la aplicación web. Y todo ello de la mano de JavaScript, el otrora patito feo ahora elevado a lingua franca de esta nueva era y lenguaje del momento.

Sigue leyendo

Ande yo caliente, ríase la gente

Me encuentro con ciertas preguntas recurrentes en toda charla que doy sobre la arquitectura y tecnología de Ducksboard. Una de ellas es cómo demonios hemos acabado usando la base de datos de una manera tan… original. Otras, y éstas son las interesantes, van en la línea de:

¿Y por qué Python y no Ruby?
¿Y por qué PostgreSQL en vez de MongoDB?
¿Y por qué Backbone.js si mola más Ember.js?
¿Y por qué <ducks-tecnología-X> y no <yo-prefiero-tecnología-Y>?

Nuestra elección de tecnología sigue una serie de criterios. Lo que sigue es una explicación de algunos de ellos para responder a todas esas preguntas, así del tirón. Once and for all, que decía aquel.

Venga, sigue

Review: The Avengers

Bien, vamos a empezar por poner al respetable en situación: soy una puta de los blockbusters palomiteros. Esto es así. No esperéis mucha charla sobre cine húngaro de autor por aquí… Bajo esa premisa, queda claro que The Avengers es una brillante luz para la mosca cutrecinéfila que llevo dentro. Superhéroes de comic zurciéndose el lomo al ritmo de los mejorcitos efectos especiales, cómo negarse. La fórmula nueva no es: nos vienen machacando con pelis Marvel unos añitos ya, todas cortadas por el mismo patrón. De hecho las últimas han estado planteadas como prólogos para la que aquí nos ocupa. Así pues, ¿cómo aguanta la comparación esta The Avengers con las pelis de superhéroes anteriores? Y sobretodo, ¿vale los eurazos que nos piden por verla?

Cuéntame más